Tras el fenómeno inspirado en el "Carlito" rosarino, Carolina Almaraz redobla su apuesta por la identidad local. Una propuesta de seis variedades artesanales que desafía la estacionalidad para instalarse como el nuevo ritual dulce de la ciudad.
Para entender el presente de Saboreé, hay que rebobinar hasta 2025. Fue el año en que Carolina Almaraz sacó a la luz una creación que muchos tildaron de audaz, otros tantos de genialidad y hasta polémica: el alfajor de kétchup. Inspirado en el "Carlito" —ese sándwich de miga tostado que es patrimonio emocional de los rosarinos—, el alfajor logró lo que pocos productos consiguen: la viralidad absoluta y el reconocimiento de medios nacionales.
“Fue una experiencia extraordinaria. El hecho de haber inventado un alfajor con un sabor distinto, inspirado en el Carlito de Rosario, tuvo una repercusión increíble. Lo que más me sorprendió fue que la gente volviera a comprarlo, que el sabor realmente convenciera más allá de la curiosidad inicial”, reflexiona Almaraz al recordar ese hito que posicionó a su marca en el mapa de la innovación.
El nuevo capítulo: La conquista del frío
Hoy, la noticia nos lleva hacia otra frontera: El alfajor helado. Pero no se trata de un simple cambio de temperatura. Hay un análisis del mercado y de los hábitos de consumo detrás de este lanzamiento. Rosario es, por excelencia, la capital nacional del helado artesanal, y Carolina ha sabido leer esa idiosincrasia.
“Soy consciente de que nosotros, los rosarinos, comemos helado todo el año. Inicialmente, este era un proyecto por temporada, pero si se tiene que quedar, que se quede; le vamos a dar manija todo el año para que la gente quiera probarlo”, comenta Carolina con la seguridad de quien conoce el paladar de su ciudad.
En un mercado saturado de opciones industriales, Saboreé apuesta por la diferenciación a través de la variedad y la estructura. El desafío de pasar del alfajor tradicional al helado implicó una logística distinta, donde la calidad del relleno es la protagonista.
Variedad y estructura: El secreto detrás del bocado
Una de las decisiones más interesantes de esta nueva etapa es la búsqueda de la diversidad. En lugar de limitarse a un solo sabor, Carolina ha diseñado una propuesta que permite al consumidor elegir entre seis variedades distintas. Esta amplitud es, en sus palabras, el corazón del nuevo producto.
“Cuando quise hacer el alfajor helado, mi idea inicial era hacer yo misma el helado, pero me di cuenta de que eso limitaría mucho la oferta. Hoy el distintivo es la libertad: que puedas elegir entre seis sabores distintos para armar tu propia experiencia”, explica la creadora de Saboreé.
Desde el punto de vista del lifestyle gastronómico, el alfajor helado de Saboreé se posiciona como el cierre perfecto para una cena o un gusto personal durante la tarde. Es un producto que hereda la mística de sus antecesores —esa capacidad de generar sorpresa— pero que se asienta en una estructura profesional de ventas en bares, heladerías y ferias.
Los gustos del alfajor helado son frutilla, chocolate, dulce de leche, vainilla, limón con frutos rojos y menta granizada.
Un futuro con identidad rosarina
La evolución de Saboreé demuestra que la innovación no siempre requiere de términos complejos ni de mirar hacia afuera. A veces, basta con mirar lo que tenemos cerca: un sándwich icónico, una tradición heladera y la valentía de transformar lo conocido en algo totalmente nuevo.
Carolina Almaraz no solo vende alfajores; cuenta historias a través de sus recetas. Y en este nuevo capítulo frío, nos invita a redescubrir que, en Rosario, el sabor siempre encuentra la forma de sorprendernos. La invitación está hecha: seis sabores, una misma pasión y la frescura de una marca que ya es un sello propio en la ciudad.
OTRAS NOVEDADES